La nueva esperanza para Estados Unidos

Fui arrojado a la existencia -eyectado sería un término más preciso- en una época que prometía ser la revolución última de la humanidad. En el momento que los profetas del fin de la historia, orquestados por Francis Fukuyama, auguraban el fin de las conflictividades; la integración definitiva de la democracia liberal como valor reinante en el mundo entero. Esta situación parecía inevitable con la caída de la URSS; solo sería cuestión de tiempo para que los demás países sucumban a la imposición norteamericana de su democracia y del american way of life; cumpliéndose así dicha profecía.

Más al entrar en este milenio, la profecía parece haberse equívocado y la hegemonía de la democracia liberal estar aún lejos –si algún día posible- de ser verdad. Actualmente Rusia se levanta como una nueva potencia bélica que no pretende jugar a la democracia con los papelitos. China es igualmente un poderoso actor económico basado en la supresión de los derechos de sus ciudadanos. E incluso el abanderado de la supuesta democracia liberal ha caído en la trampa de dinamitar sus propios fundamentos en franca subordinación al poder del capital. Estados Unidos no es una democracia, y eso es un problema para la humanidad entera.

Cabría aquí enumerar una serie de elementos para hacer patente lo que he enunciado, pero me centraré exclusivamente en dos síntomas de una clara desintegración de los valores democráticos en la sociedad norteamericana. El primero de ellos, concerniente al sistema de primarias que se estructura para la elección de candidato a presidente de los Estados Unidos y el segundo elemento, la clara interferencia de los medios de comunicación en el posicionamiento de la preferencia de ciertos candidatos.

Respecto del sistema de primarias que se organiza en Estados Unidos para lograr un candidato único en cada uno de los partidos que manejan la politica de ese país, puedo afirmar que el dinero desempeña el rol preponderante al momento de la postulación de tal o cual candidato. Dicho de otro modo, el candidato que levanta los SuperPacs –paquetes de donaciones hechos por empresarios-, es el personaje que tiene el apoyo de las grandes corporaciones; y las corporaciones al no conocer otra cosa que la maximización de rendimientos para sus accionistas y CEOS, ponen dinero en las campañas de sus favoritos con la contrapartida de grandes intereses que deben devengarse toda vez que su caballo de carreras haya llegado a la meta. ¿Pero por qué ese mecanismo convierte a Estados Unidos en una oligarquía? Porque los que detentan el poder económico son los que a su vez compran el poder político y lo posicionan de acuerdo a sus intereses. Es decir, un grupo de corporaciones colocan un títere dispuesto a enfrentarse con las masas en nombre de un puñado de familias que son camufladas por ideales progresistas en una facción, y conservadores en otra. El que pone más dinero logra más exhibición en los medios, pero no solamente eso, sino que además logra la competencia desleal, frente a los demás candidatos, con la ayuda de miles de personas que trabajan para dichas corporaciones, quienes deben procurar que su apuesta no sea una apuesta al final del ejercicio, sino una inversión.

Eso nos lleva al segundo punto, la influencia desleal de los medios de comunicación. En Estados Unidos así como en casi todo el mundo, existe un número reducido de propietarios de medios de comunicación. Dichos medios son propiedad de grandes corporaciones o de empresarios que tienen nexos con dichas corporaciones. Como anoté en el párrafo anterior, las preferencias de los empresarios que fluyen en cierta dirección, no solo llevan billetes a su elegido sino también el beneplácito de los medios de comunicación para usar sus instalaciones para propagar publicidad disfrazada de información noticiosa. En ese juego están inmiscuídas grandes cadenas como CNN, Fox News, CNBC, etc. Aunque algunas personas quieran mostrar a la actividad de los medios de comunicación como inofensiva, lo cierto es que según estudios de neuromarketing, comunicación y marketing, se sabe que las informaciones transmitidas así como la publicidad generada por los medios se establecen en las cabezas de los usuarios y los llevan a tomar decisiones en cierto sentido y no en otro. Es decir, que aunque la gente insista en la perorata de que si no te gusta un contenido lo cambias y punto, la evidencia sugiere que sí existe una modificación en el comportamiento después de haber sido expuesto a la información. Y es que después de todo la información es un elemento clave en la educación, y si nos alimentamos de medios tendenciosos, veremos el mundo a través de su tendencia.

Toda vez que he desarrollado suscintamente dos cambios significativos –aunque quedarían muchos más por desarrollar como la educación, la interacción comunitaria, el desarrollo del criticismo, el uso de armas, el despliegue del espectáculo como forma de vida, etc- en la vida de los estadounidenses, quisiera recalcar que en el mundo nunca ha existido un estado democrático puro, por lo que no sería novedad que Estados Unidos tampoco sea una democracia perfecta, pero me parece que los elementos descritos conllevan a un deterioro tal de los valores democráticos que se podría establecer a Estados Unidos dentro de una zona gris que podría ser rotulada como oligarquía pseudodemocrática; o lo que sería igual a, te vendemos democracia, te compramos la conciencia.

¿Existe una salida para Estados Unidos de este atolladero? Probablemente sí, y posiblemente sea una de las últimas. El senador Bernie Sanders se postuló para correr por el cargo de presidente y es el único –sin contar con Donald Trump que tampoco recibió donaciones de millonarios, ya que él mismo es millonario, qué ironía- que no ha recibido donativos de SuperPacs. Esto no es un hecho aislado. Es más bien, fundacional de una nueva forma de hacer política en Estados Unidos; una que supera a Obama, quien se percibió en su momento como inmejorable. Esta ausencia de SuperPacs conllevó a la inevitable censura en los medios, propiedad de los grandes empresarios y corporaciones y a la feroz búsqueda de tildar a Bernie Sanders de socialista, aprovechándose del miedo que ese término levanta en los americanos,;aunque paradójicamente haya sido el capitalismo y la supuesta democracia la que más lamentos les ha generado.

Encuestas modificadas, titulares tendenciosos, generación de miedo frente a unas de las mejores posibilidades de los estadounidenses y de la democracia como valor para la humanidad, así han respondido los medios.

Ahora solo queda la voz de los que no tienen voz en los medios. La voz de los que tenemos una computadora o un celular para que resuene en todo el cyberespacio. La voz que Bernie Sanders lleva como abanderado, esa que quizá sea la nueva y última esperanza que queda a Estados Unidos para salir de esa zona gris llamada oligarquía.

Andrés Alvarez Dávila