La educación que nunca nos dieron

El capital no es un mal en sí mismo, el mal radica en su mal uso.

  Mahatma Gandhi

¡Qué difícil se nos hace entender la importancia del dinero! Y sé que la afirmación que acabo de hacer, a muchas personas les parecerá contradictoria en un planeta –como el nuestro-, globalizado y con cada vez más competencia; pero si lo enfocamos con una lupa de gran aumento, ¿podemos decir realmente que entendemos la importancia del dinero?

Quizá porque me he unido hace aproximadamente un año y un poco más a la población que ejerce una actividad económica, el tema me ha empezado a revolotear fuertemente.

Después de una breve investigación sobre el asunto en la literatura especializada, he llegado al convencimiento de que existe una deficiencia abismal en la educación financiera dentro de nuestra ciudad.

¿Cuántas personas saben de constituir compañías? ¿Cuántas personas se ocupan del ahorro? ¿Cuántas personas buscan generar empleo y no le tienen miedo a los retos con un plan en la mano? Me atrevería a decir que no muchas personas lo hacen.

Probablemente habrán algunos grupos de adultos que tengan nociones o educación más sólida frente a estas interrogantes. Personas que con tranquilidad saben que tienen una estrategia para poder subsitir en el futuro y que su modo de vida no se vea complicado por los vaivenes de las pensiones de retiro; sin embargo, pienso que la mayoría de la población no tiene unas bases sólidas sobre estos puntos.

Me parece a veces que la gran mayoría de la población se interna en el futuro como si no fuese a existir. Adquieren deudas para consumir más no para producir; pasivos que crecen cada vez más a través de los intereses y que muchas veces se quedan sin pagar por un mal planteamiento inicial.

¿Sacar un préstamo para comprar un televisor es una buena idea? Vi hace no mucho tiempo, a una persona que trataba de sacar un televisor de un almacén de electrodomésticos, de esos que dan crédito directo; el referido aparato traía incorporado la última tecnología disponible en el mercado ecuatoriano, pero claramente se podía ver que esa persona no poseía el dinero para adquirirlo porque trataba de estirar su presupuesto lo más que podía.

¿Será que un televisor nos puede dar felicidad? ¿Será que adquirir un objeto que nos condena a estar sentados sin hacer nada frente a él es una buena compra?

Vienen a mi mente las palabras de Mujica cuando nos recordaba que hay que ser más avaros con nuestro dinero. Porque el dinero es tiempo, y el tiempo es vida. Cada vez que compramos algo, no lo adquirimos con una moneda, sino que lo compramos con el tiempo que nos costó tener ese dinero.

¿Será que es tiempo para ser más avaros? Probablemente la respuesta la tenga el Dalai Lama cuando dice que hay que ser egoístamente inteligentes. Saber ahorrar, producir, ingeniar, desarrollar la inteligencia comercial que no nos enseñan a construir en las instituciones educativas, y ser más generosos, focalizando los recursos donde mayores frutos pueden dar, tanto para la persona que recibe, como para la que entrega.

A veces se considera que hablar de dinero es de mal gusto. Pero creo que vivir en la pobreza por no saber administrar la riqueza que podemos tener es imperdonable.

Quizá debamos empezar a hablar de dinero. No desde el resentimiento de los que tienen y de los que no. No desde el egoísmo exacerbado de los que tienen mucho y no quieren dar nada. Hablar de dinero desde la herramienta que la naturaleza nos dio para enfrentar la vida: el raciocinio.